10 de julio de 2019
10.07.2019
Siniestro

El Oceanogràfic reabre hoy tras el fuego que destruyó un decorado de corcho blanco

El incendio de unas rocas falsas provoca una nube de humo que se vio en toda la comarca pero que no tuvo consecuencias

09.07.2019 | 22:54
El Oceanogràfic reabre hoy tras el fuego que destruyó un decorado de corcho blanco

Los responsables del Oceanogràfic reconocían que habían vivido los quince minutos más largos de su vida. Después de veinte años de existencia, el complejo de la Ciutat de les Arts i les Ciències vivió su primer incidente serio ?trencadís caído aparte? cuando, al filo de las once de la mañana, se declaraba un incendio en el Oceanogràfic. El mayor susto imaginable, aunque, afortunadamente para todos, la rápida extinción del mismo dejó el suceso en un incidente menor y muy localizado. Tanto es así que ayer por la noche ya se anunciaba la reapertura del restaurante y la totalidad del complejo reabrirá hoy al público. Incluyendo la zona afectada, uno de los accesos a tiburones, que se hará por otra puerta.

La alarma saltaba poco antes de las 11 de la mañana. Una columna de espeso humo negro se podía divisar nítidamente desde todos los puntos de la comarca que estuvieran ligeramente en altura. No había casi llamas, pero la inquietud era lógica entre los vecinos de la ciudad, que tenían claro que algo inesperado estaba sucediendo.

Nada más detectarse el incendio, la megafonía del recinto ordenó la evacuación inmediata de las 1.400 personas que había dentro (350 trabajadores y algo más de mil visitantes). Algo que se hizo en un perfecto orden. Sin avalanchas ni pánico. Entre otras cosas, porque el fuego estaba muy localizado. El director general de Avanqua Oceanogràfic, la empresa que gestiona el espacio, Eduardo Nogués, destacaba precisamente que «hace unos días habíamos hecho uno de los habituales simulacros y en esta ocasión se ha evacuado de forma admirable».

¿Qué fue, finalmente, lo que ardió? Pues unas piedras falsas que rodean el acceso subterráneo a la zona de tiburones. Un decorado realizado con «corcho blanco» reforzado para ganar consistencia y con una estructura de hierro en su interior. Y, talmente como si fuera una falla realizada con poliuretano expandido, el humo fue negro, negro.

La extinción fue rápida y eficaz. Y eso evitó que el recinto se convirtiera en un particular Notre Dame. Porque, tal como reconocía el asesor científico Manuel Toharia, «todo el material de construcción es ignífugo. Pero, obviamente, si la temperatura sube y sube, no hay ignífugo que lo soporte». La gran suerte ha sido, precisamente, que no hubiera pavesas, que el incendio estuviera muy localizado y que la extinción fuera rápida. Finalmente, lo que se echó a perder fue una parte de ese acceso y una glorieta que quedó calcinada. Alrededor de la zona afectada hay instalaciones hechas con madera que, aunque tengan el tratamiento anti incendios, podían haber propagado el siniestro, pero no fue así. No hubo daños para las personas ni los animales.

Una vez asegurada la evacuación y controlado el incendio, se accedió al interior de la zona afectada. Y la normalidad era absoluta. Los escualos estaban en perfecto estado. Tanto ellos como, por ejemplo, las aves y focas que habitan las lagunas que circundan la zona afectada. A pesar de lo aparatoso del incendio, ni siquiera cundió el pánico entre las aves, que permanecieron en sus correspondientes lagos artificiales sin aparentemente inquietarse.

Tanto es así, que poco después de sofocado el incendio, los cuidadores de las focas ya estaban nuevamente trabajando con ellas y empleados de mantenimiento volvían a trabajar haciendo labores de limpieza.

«Lo sucedido ha sido más aparatoso que otra cosa» comentaba Nogués. «Sobre todo, porque la extinción ha sido rápida. Afortunadamente no ha prosperado, ni hacia abajo ni hacia los lados». La única pérdida biológica fue la vegetación de la zona.

«Iba hacia arriba»

«El humo parecía algo espantoso» reconocía Toharia. «Pero no ha sido más que un susto. Muy grande, pero sólo eso: un susto». Ni siquiera el humo afectó a los asistentes «porque iba hacia arriba. Si llega a arder el restaurante habría sido peor». Pero, precisamente, el gran contraste era contemplar la zona calcinada y, a apenas unos metros, el resto de instalaciones impolutas, como si nada hubiese pasado. «Estas cosas no ocurren nunca. Pero estábamos preparados, como se ha demostrado».

Hoy se han abierto las puertas nuevamente con total normalidad en un recinto que es uno de los grandes referentes del turismo en la ciudad.

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