Entrevista | Fernando Domínguez Creador de créditos de "La sociedad de la nieve"

Fernando Domínguez: "Cuando vi 'La sociedad de la nieve' me enamoré y me obsesioné de la historia"

El valenciano conoció al director tras haber trabajado con Kike Maíllo en «Eva», uno de los proyectos con los que más ha disfrutado

Una de las imágenes de los créditos de "La sociedad de la nieve"

Una de las imágenes de los créditos de "La sociedad de la nieve" / Levante-EMV

El valenciano Fernando Domínguez, licenciado en Bellas Artes, se enamoró del mundo de los créditos cinematográficos tras ver “Seven”. Tras varios proyectos, él ha sido el encargado de crear los créditos de “La sociedad de la nieve”, un trabajo muy diferente al que había presentado en un primer momento.

Tras “Patria”, “Spiderman 3” o “El Señor de los Anillos”, su último proyecto ha sido “La sociedad de la nieve”. ¿Cómo le llega?

Fue curioso porque cuando trabajé en “El Señor de los Anillos”, el director de los dos primeros episodios era Bayona. Yo no lo supe hasta que puse los créditos. Me sorprendió para bien ver a un director que conocía en una superproducción tan chula y tan interesante. Pero no tuve contacto con él en ningún momento porque no me conocía. Él ya había oído hablar de mí porque es muy amigo de Kike Maíllo, el director de “Toro” y de “Eva”. Bayona ya estaba prácticamente ultimando el montaje de “La Sociedad de la Nieve” y necesitaba unos créditos chulos. Kike Maíllo le dijo que yo hice los créditos de “Eva”, que es una de las piezas de la que más orgulloso estoy. Por una serie de coincidencias y casualidades, de haber trabajado en mismos sitios y tener amigos en común... Me enseñó la propuesta. Vi la película cuando aún no tenía prácticamente efectos especiales ni nada. Le hice una propuesta que no tenía nada que ver con lo que al final salió. Era un mundo mucho más abstracto, basado en el mundo de la nieve, en el mundo del hielo y de las refracciones porque había muchos planos de luz, donde el sol entraba y era como divino. Él hablaba mucho de las referencias de la luz cuando entra por las vidrieras de una iglesia. Para los supervivientes que estaban atrapados en el fuselaje, eso era como que les regalaban un nuevo día. Estuvimos haciendo muchas exploraciones con el tema de la luz, la luz sobre hielo, el juego de luces que hace. Pero cuando se presentó esa propuesta a Netflix, le pareció como demasiado abstracta, demasiado artística y querían algo más evidente.

¿Y le tuvieron que dar una vuelta?

Tenían la idea de mostrar algunas fotografías. Mi reacción inicial fue un poco de rechazo. Me parecía una solución demasiado evidente y poco currada. Poner fotografías me parecía un poco cutre. Bayona me pasó algunas fotografías para que le diese una vuelta a ver qué podría hacer. Empecé a buscarle el rollo y conecté con algo que me moló. Él me mandó unas fotografías de su equipo de producción. Tenían una mesa con calendarios, fotografías, mapas... Pensé que podía hacer unos créditos basados en eso. Hice unas cuantas propuestas y les encajó. Ahí empezó la maquinaria para buscar fotografías reales, fotografías inéditas, archivos, contactar con familiares, con pilotos...

La importancia de los créditos

La gente no le suele dar mucha importancia a los créditos, pero, en este caso, las fotografías atraen.

Sí, quieres saber más porque la película termina y después te muestran de verdad cómo eran esos chavales. Ves realmente todas las cosas increíbles que has visto en la peli. Es mucho más impactante, empatizas mucho más. Fue muy guay tener todo ese material. Después tuvimos acceso a todos los periódicos, cómo maquetaban las páginas, cómo encuadraban…

¿Puede decir que es de los créditos que más ha disfrutado?

Sí, sin duda. Siempre me ha gustado hacer créditos porque es una especie de resumen sensorial de la peli. Tienes una oportunidad para hacer algo muy sensorial, algo que llegue. A mí me gusta hacer cosas complejas o que requieren de una complejidad técnica. Sin embargo, en esta peli ha sido todo lo contrario. Ha sido súper sencilla técnicamente, pero con un trabajo de investigación. A nivel emotivo no ha habido ningún punto de comparación. Todas las fotografías las he hecho enormes para que se viese bien la cara de los chavales y que se viese la textura de la fotografía.

A pesar de todo el trabajo que hay detrás, cuando termina la película, la gente se va.

Yo siempre me quedo hasta el final porque me gusta ver todo el mundo que ha participado. Muchas veces, los directores a veces ponen sorpresas que solamente descubres al final. Mucha gente tiene el mal hábito de que, cuando termina algo, se va. Es una manera de retroceder para descubrir más sobre la peli y sobre la historia.

Antes de estos, ¿cuáles fueron los créditos que le marcaron?

Disfruté mucho con “Eva”, que fue la primera pieza que hice con Maíllo y que ganó un Goya. Me parece una peli súper interesante. Y lo disfruté mucho porque tenía que hacer como una representación del cerebro de un robot, como me lo imaginaba… Lo hice como si fuese cristal, como si fuese todo vidrio, como si las neuronas fuesen cristal soplado.

Cuando le proponen hacer los créditos, ¿los directores ya tienen una idea o presenta el proyecto?

Depende del director. Hay algunos directores que, por el tono de la peli, te hablan más de sensaciones, pero generalmente no tienen una idea clara. Cuando ves un poco la peli, oyes la música, ya te imaginas por dónde va a ir la cosa. Haces dibujos y sketches y, a partir de ahí, vas construyendo. Con Bayona fue súper caótico. Directamente él quería ver material de movimiento. Es difícil. Él necesita ver casi la pieza casi terminada y después te la descarta. Es muy frustrante, pero es así como trabaja y como visualiza las cosas. Cada director es un mundo.

Fernando Domínguez.

Fernando Domínguez. / Levante-EMV

La Inteligencia Artificial

Y con la Inteligencia Artificial, ¿cree que puede peligrar su trabajo?

Tengo amigos que están programando IA para generar títulos de crédito automáticamente. Es increíble, pero no creo que vaya a peligrar. Va a ser una herramienta complementaria para evitar los bloqueos creativos. Muchas veces te preguntan algo o te piden por una propuesta y no sabes por dónde empezar. Tú escribirás el tipo de propuesta o pondrás el PDF y te dará una serie de imágenes. Creo que es un muy buen punto de partida y que siempre debe servir como referencia, nunca como final. Porque yo creo que una de las cosas que le dan valor a los créditos es el proceso.

Volviendo a “La sociedad de la nieve”, ¿creía que iba a tener tanto éxito?

Sin ninguna duda. Cuando la vi pensé que era un peliculón. Me enamoré de la historia y me obsesioné. Empecé a buscar información. Muchas veces, para hacer algo guay, requiere de cierta obsesión y de enamorarte de algo para sacarlo mejor.

Y volviendo un poco la vista atrás, ¿cómo fueron sus inicios?

Yo estudié Bellas Artes. Viendo la película de “Seven”, de David Fincher, vi que había unos créditos increíbles. Y me enamoré de la relación de la tipografía con la imagen. Intenté emular cómo se hacía todo eso, pero no había casi herramientas. Con el tiempo, poco a poco, empiezas a sacar cosas parecidas, intentas imitar. Con los años, viajé a Barcelona. Estuve en un estudio de diseño. Casualmente me ofrecieron hacer los títulos de crédito de un festival muy conocido en Barcelona. Era la primera vez que hacía unos créditos. Al festival estaba invitado el que hizo los créditos de “Seven”. Lo conocí y, en ese momento, no hablaba nada de inglés. Me dijo si en 15 días iría a Los Ángeles. A los 15 días estaba en Los Ángeles currando en proyectazos. Ves cómo es la dinámica, la relación que hay con el cliente. Allí había departamentos muy particulares, especializados. Estuve un tiempo allí, pero me vine para casa porque no me gustaba ese trabajo. Seguí manteniendo contacto con muchas de las personas de allí. Primero estuve en Barcelona y después me volví otra vez a València. Y así sigo.