Levante-EMV con las empresas | Enrique Silla Presidente de Jeanologia

«Para traer la producción a Europa necesitamos automatizarla y hacerla sostenible»

Silla, que ve «lejos» el retorno del textil, cree necesario reducir legislación en la UE porque, «en tiempo, hoy nos es más fácil abrir una fábrica en Marruecos»

Enrique Silla, CEO y
 fundador de Jeanologia,
 en las instalaciones 
de la firma en 
Paterna. Francisco calabuig

Enrique Silla, CEO y fundador de Jeanologia, en las instalaciones de la firma en Paterna. Francisco calabuig / Juanma vázquez. valència

«Mi familia y mi trabajo, por ese orden». Son las palabras que elige Enrique Silla (Valencia, 1964) cuando se refiere a sus dos «pasiones». Sin embargo, no tarda en reconocer una tercera, la vela. «Siempre que puedo estoy navegando. He cruzado el Mediterráneo varias veces», explica. Curiosamente, el agua –pero en tierra firme– es la que ha marcado la trayectoria de este licenciado en Económicas por la Universidad de València. Su firma, Jeanología, ha tenido en este horizonte de la sostenibilidad su principal pilar desde que fuera fundara en 1994 por Silla y por José Vidal, su tío, un «empresario valenciano que ha sido mentor de toda una generación de jóvenes». Juntos lograron que esta empresa y su tecnología llegaran a los productos de Levi’s o Inditex, pero también a que hoy tengan, más allá de su sede en Paterna, tres centros de producción y ocho hubs distribuidos por el mundo. No obstante, estos no son los datos que destaca Silla, sino los que han ayudado al planeta. En 2023 han ahorrado 20,2 millones de metros cúbicos de agua contaminada y han reducido 97.895.304 de kilogramos de CO2.

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Su empresa, Jeanologia, nace hace casi treinta años con la visión de transformar la industria textil-confección. ¿Cuánto cree que hemos avanzado en ese camino?

Muchísimo. El sector textil, según el Banco Mundial, es responsable del 20% de la contaminación de las aguas del planeta y el 15% de las prendas nunca se consumen. Nuestra misión es eliminar el consumo de agua, la contaminación y el residuo textil. Nacimos hace 30 años con la ambición de cambiar la forma en la que los textiles se transforman. En aquellos momentos prácticamente nadie hablaba de sostenibilidad. A partir de 2017 es cuando las empresas y los políticos se han planteado que es necesario alinear beneficio con planeta. Pero el consumidor es el que va más despacio. Calculamos que hoy solo el 7% de los consumidores son capaces de buscar más o de pagar un poco más por algo que se ha fabricado sin contaminar.

¿Cree que el sector valenciano está a la vanguardia en esa apuesta por la sostenibilidad?

El textil valenciano es muy de cabecera, muy industrial y la vanguardia hoy de la sostenibilidad la tienen las marcas y los retailers. Creo que está en la media y es algo que debemos de cambiar. Valencia, con la cultura que tenemos de la industria textil y con su problema de agua, debe incidir en liderar la sostenibilidad centrándose en una cosa. Y es el agua. No podemos ser líderes en todo. Deberíamos decidir en qué queremos serlo. Y creo que debe ser en sostenibilidad y en agua.

Habla de agua, pero otro factor que se ha visto muy afectado estos años es la energía. ¿Ha vuelto todo a su cauce o o se sigue sufriendo?

Los precios siguen siendo altísimos y uno de los principales problemas de Europa, de España y de Valencia es el tema energético, porque somos totalmente dependientes. Pero relacionando energía y agua, el uso de la energía en la industria textil es fundamentalmente para calentar el agua y transportar así los colorantes a la prenda y, también, para secar los textiles. Por lo tanto, si reducimos la cantidad de agua inmediatamente estamos reduciendo la cantidad de energía. Por un lado tenemos algo que no podemos controlar, que es el precio de la energía, pero lo más importante de todo es cómo replanteamos nuestros procesos industriales o las tecnologías que utilizamos.

Centrarse, por tanto, más en reducir el gasto energético que en el propio precio, ¿no?

Sí, porque es lo que podemos controlar y lo que estamos haciendo todos los empresarios. Al final, en energía ya no vamos a liderar. Todas las grandes compañías están ahí. El gran olvidado es el agua y ahí es donde podemos ser líderes. Todas nuestras tecnologías reducen agua, pero todavía la necesitamos para fabricar un jean. Antes necesitabas 100 litros de agua. Ahora, con nuestra tecnología, necesitas cuatro. Pero esos cuatro los tratamos al lado de la máquina y los volvemos a meter en el sistema. Con lo cual llegamos a lo que llamamos Misión Cero. Este año salimos con un sistema en el que les decimos a las empresas que nos ocupamos de su agua, ayudándoles a reducir la cantidad que utilizan y luego, esa poquita, reciclarla.

Además, desde la pandemia, parece haber cambiado el paradigma de la globalización. ¿Cree que Europa y España van a recuperar esa producción perdida?

La geopolítica ha cambiado todo. Vamos a una política de bloques donde por un lado están los chinos, por otro los europeos y estamos viendo todo lo que está pasando en las guerras, etcétera. Todos queremos una vuelta de la producción a Europa, pero la realidad es que esto está desgraciadamente muy lejos. Nosotros hemos hecho una apuesta por lo que llamamos ‘Urban Factories’, que es, a través de tecnología y automatización, devolver la producción a Europa. La mayoría de las prendas textiles se producen en Asia porque para comprar a los precios que compramos, se debe producir en países donde los trabajadores que están cosiendo cobran menos de 200 euros al mes. Entonces, para traerla a Europa necesitamos automatizarla y además hacerla totalmente sostenible.

¿Y ve avances en ese camino?

Va mucho más lento de lo que creíamos. Porque una cosa es lo que queremos y hacia donde va la geopolítica y otra cosa es ponerse a crear una fábrica en Europa. Los impedimentos de la legislación son tantos que es muy difícil. Tienes que rellenar 100.000 papeles para abrir una fábrica. En tiempo, nos es más fácil abrir un centro de producción en Marruecos que en Valencia. Estoy seguro que se podría simplificar. Es un problema de toda Europa que está haciendo que sea más difícil que la producción vuelva. Aún así, nosotros tenemos nuestro modelo. Pero nos hemos damos cuenta que puede tardar diez, quince o veinte años.

¿Podemos estar, por tanto, perdiendo la batalla un poquito más con Vietnam o Bangladesh?

Absolutamente. En Europa y en Valencia, cada vez estamos más enfocados a los servicios y estamos perdiendo la industria. Valencia está perdiendo a sus artesanos. Estamos perdiendo ese know how del tratamiento de producto y sin ese know how perdemos la industria. Esto es un problema. Podemos ser un país, un continente o una región de servicios, pero con eso nos van a adelantar los asiáticos claramente.

Volvamos a su firma. Antes de la covid, un fondo como Carlyle entró en su accionariado. ¿Prevé algún movimiento?

Dentro de cinco años les toca desinvertir y será entonces cuando nos lo plantearemos. Los fondos de inversión te acompañan, te ayudan y están contigo y son un gran compañero de viaje, pero sabes que esa compañía dura diez años. Para nosotros es enriquecedor porque es la posibilidad de tener un nuevo partner cada diez años. Pero no es este el momento, porque aún nos quedan cinco años de trayecto.

De momento, su tecnología se usa en buena parte de la producción de vaqueros del mundo y ya trabaja para grandes firmas. ¿Ve ya un techo en esta actividad?

Ese momento ya ha llegado. Nosotros ya podemos decir misión cumplida porque hemos transformado la forma en que se fabrican los jeans. El 50 % de los que se producen en el planeta tienen alguna tecnología nuestra. Quedan cosas por hacer, sí, pero nuestro mercado ahí se está agotando. Nuestro siguiente gran reto es el color. Todas las prendas textiles de alguna forma llevan color y la mayor contaminación que se produce en cualquier prenda tiene una característica de color. Transfiriéndolo es donde se contamina, se consume más agua y energía y donde se utiliza más química tóxica. Por eso nos hemos puesto un nuevo reto que es que, con tecnología, vamos a transformar la forma en la que se aplica el color al textil. Ya hemos lanzado un primer producto que se llama ‘Color Box’, que nos permite transferir el color a la prenda ya confeccionada en vez de al hilo o al tejido.

Y, yendo a nivel mercados, ¿hay algún sitio en el que cueste penetrar con su tecnología?

Más que sitios, son categorías de producto. Nosotros vendemos en 70 países y realmente somos una compañía pequeña pero al mismo tiempo multinacional, porque somos 201 personas con 24 nacionalidades dispersas en los cinco continentes. El mercado difícil en estos momentos es China. Era para nosotros un gran mercado, porque era la fábrica del mundo que exportaba. Ahora China ya no exporta, sino que trabaja para China. Nos hemos tenido que reinventar totalmente y ha pasado de ser uno de nuestros principales mercados a uno de nuestros grandes retos. Estamos aprendiendo a trabajar con ellos de otra forma.

Habla de retos. ¿Cuánto de innovación queda por hacer en el textil?

Muchísimo. Cuando ves las startups, todas están en tecnologías nuevas, pero donde hay que hacer la transformación es en los sectores maduros y tradicionales. Y los dos más grandes son la alimentación y el textil. Porque lo que hacían los hombres en Atapuerca era comer y vestirse y los humanos hoy seguimos haciendo lo mismo. Donde podemos impactar con la innovación a la sociedad es en los mercados maduros, cambiando las cosas que hacemos en nuestro día a día. Nosotros tenemos un foco, que es que los productos y servicios que vendemos tienen obligatoriamente que tener un impacto directo en el planeta y en las personas.

Y abriendo el foco. ¿Considera que el empresariado valenciano está invirtiendo lo suficiente en buscar ese avance innovador?

No se hace lo suficiente. Pero tenemos un sector empresarial muy dinámico en Valencia y nuestro problema hoy no es la innovación, sino el tamaño. Las empresas valencianas somos demasiado pequeñas. Tenemos que crecer en tamaño y al crecer en tamaño y en músculo, podremos dedicar más recursos a la innovación. Ese es el gran reto.