Opinión | tribuna

Gobernabilidad

Las elecciones han pasado y llega el momento de la verdad. Se han oído muchas palabras altisonantes, otras bien sensatas, algunas seguramente innecesarias, pero entre todas florece la gobernabilidad. Dicho de otro modo, el ejercicio de la actividad dirigida a facilitar la vida de las personas y el crecimiento de una sociedad esencialmente en valores y en derechos, es decir, en justicia y felicidad.

Siempre me gustó el 7 y casualmente son 7 las reflexiones con sugerencias que quisiera ofrecer:

¶No se trata de presumir de demócratas, sino de demostrar serlo. La consulta popular no ha asignado a ningún partido de los concurrentes la posibilidad de gobernar en solitario. La democracia exige buscar, proponer y aceptar alianzas indispensables para poder hacerlo hasta donde alcancen las posibilidades que la Constitución permita.

·El Estado diseñado por nuestra Constitución se funda, entre otros, en el funcionamiento cabal de las instituciones públicas que lo conforman. La consecuencia no puede ser diferente que diseñar y reforzar cada una de ellas como esenciales y sin interferencias.

¸Lo que pudiera considerarse legítimo en campaña electoral no lo es necesariamente en la vida política y social a la que aspiramos. Es por ello que las descalificaciones y los reproches deben dejar paso al diálogo como único instrumento para la confluencia, en el que se exigiría ser honestos con lo real.

¹Para la configuración de una sociedad justa y bien gobernada resulta imprescindible seleccionar algunos temas, que llamaría de amplio espectro o de importancia capital, que deben trascender periodos cortos de tiempo y por tanto periodos transitorios de gobierno. La sugerencia es la necesidad de elegir y pactar con generosidad y largas miras aquellas materias que requieren un esfuerzo global de pacto y acuerdo, como podrían ser las que afectan a las condiciones básicas del empleo, la educación, la sanidad, la justicia, la fiscalidad, la vivienda, la lucha contra la corrupción, la política internacional, la eliminación de la pobreza estructural…

ºLa violencia verbal y la mentira no son buenas compañeras de la credibilidad, ni ofrecen escenarios de convivencia. Me cuesta pensar que alguien disienta de que a los ciudadanos nos gusta vivir y crecer amistosa y pacíficamente sin sobresaltos.

»Respetar al diferente de aspecto, idioma, condición y convicciones es lo mínimo para una convivencia en paz, en particular incorporando el mínimo moral inexcusable de derechos iguales para los más débiles, habitualmente excluidos, pues los derechos humanos o son de todos sin dejar a nadie atrás o son una farsa.

¼No hay progreso sin evaluación. Reforcemos los mecanismos independientes, cualificados y responsables que midan, den cuenta periódica y propongan soluciones.