Opinión | VIENTO ALBORNÉS

¿Es constitucional la Constitución?

Sí, sin duda, pero verán ustedes, sobre cuestión tan apasionante quizá se debiera abrir, o añadir a la subcomisión fantasma para su reforma, una mesa de investigación al más bajo nivel, como diría el gran Albert Boadellla. Por ejemplo, sin ánimo de ofender en tiempos de tanto ofendidito, cual adjetiva el mejor insultador patrio, Jiménez Losantos, cabría inquirir sobre cómo la igualdad de todos y todas ante la ley y la soberanía popular «encajan» con el mantenimiento de una monarquía cuyas peculiaridades sobrepasan hasta el código penal. Pero no es la cuestión republicana el tema que traemos a colación, y menos un pacto federal en libertad e igualdad, si bien a la luz de la barbarie desatada este mes en las calles y parlamentos con respecto al inicio de la tramitación de una ley de amnistía para el llamado proceso catalán de la última década no queda más remedio que pronunciarse sobre la misma.

En realidad la constitución del reino de España de 1978 no incluye ni tan siquiera el término amnistía, ergo no debieron considerarla un peligro contra constituyente tan letal, y sí fijó unos límites claros y precisos para otras pulsiones, como es el caso de la unidad nacional, los referendos o la propia reforma del texto constitucional, que no se consideró una biblia inmutable ante el paso del tiempo con sus cambios sociales, contando siempre con el refrendo final del aludido pueblo soberano; y eso que los llamados padres del texto acababan de vivir una amnistía general previa que abarcó a franquistas y antifranquistas, atendiendo sin duda más a la necesidad de avanzar que a la justicia equiparable de lo amnistiado. Ahora bien, un servidor no pretende ser jurista y menos aún corregir a magistrados e letrados que se manifiestan también por las calles en defensa de Montesquieu. Del CGPJ secuestrado ni pío.

Pese a lo lego, nos parece que hay mucha pose virginal o postureo que dicen hoy ante la nonata ley de amnistía, disculpable en los más pueriles -stricto sensu-, como si no hubiéramos vivido ya otras encubiertas, con la capacidad del presidente del gobierno para promover indultos, y no supiésemos qué son cosillas como el 23F, el GAL, Banca Catalana o el reciente 1-O; por no hablar de la malversación (el aquí se juega de Casablanca) que parece recién inventada y hay varios miles de indultos en la saca de nuestros sucesivos presidentes durante décadas. También nos extraña que los únicos nombres propios que aparecen de modo recurrente en las manifestaciones y altercados sean el del gran enemigo, el presidente Sánchez, con el me gusta la fruta, pero no se aclame a nadie del bando propio, excepción hecha del difunto Franco, luego sólo el anti socialismo es la argamasa que mantiene unidas a las derechas y no tienen cabezas ni programa.

La gran quiebra constitucional más semeja pataleta electoral de mal perdedor y el clamor de las calles, muy lejos de las gigantescas manifestaciones de 2015 por la justicia social y contra la pobreza, se ha convertido en el meme de una señora anciana berreando con capa de bandera; pero no se extrañen de ver a gente muy mayor defendiendo ahora la constitución, pues uno mismo pasa de la sesentena y no pudo votarla por no tener aún la mayoría de edad. Igualmente ha sido notable, en expresión del expresidente Rajoy -compi de Milei-, la persecución a la manipuladora prensa española, adoptando el eslogan de los independentistas en Cataluña, que como todo el mundo sabe es un nido de rojos y basta acercarse a un quiosco y ver los principales diarios vendidos en cualquier lugar para comprobarlo. En fin, transitamos un tiempo de bulos como minas y medias verdades asesinas que emponzoñan la vida política y esperemos no se traslade a la convivencia ciudadana y rompa la recuperación económica y de derechos humanos en nuestra sociedad, nuestra diversa patria.