Opinión

Entre muros y grietas

Que doblen las campanas que aún pueden sonar y olvida tu ofrenda perfecta. Hay una grieta, una grieta en todo. Así es como entra la luz. Son las palabras que componen el verso principal de la hermosa canción Anthem de Leonard Cohen. Un himno a la esperanza, a la oportunidad de mirar hacia adelante a pesar de todo, de toda adversidad. A través de la melancolía de sus canciones, de la poesía de sus letras, Cohen nos enseñó a comprender la vida, el mundo, incluso el amor a los demás. A entendernos desde la introspectiva como guía fundamental para vivir en sociedad. A ver en la música ese lenguaje universal que puede ayudar a transmitir lo mejor cuando se intenta imponer lo peor. Recordar Anthem en estos tiempos sombríos, es algo más que escuchar a Cohen. Es un ejercicio de reflexión y de esperanza frente a esos predicadores del fatalismo que intentan imponer el miedo. La democracia venció el día que cayó el Muro. Cuando se derribó el hormigón que durante casi treinta años dividió al mundo en dos bloques, dando paso a un nuevo orden internacional que alzaba la bandera de las libertades y de los derechos. Hoy se levantan otros muros, intangibles. No son de hormigón, ni están cubiertos por quilómetros de alambre. Son los muros de la intolerancia, de la exaltación, de los extremos que pretenden descomponer a los sistemas democráticos a través de su propio cuestionamiento y el de sus instituciones. Desde dentro. Lo acabamos de ver en Argentina o en los Países Bajos. Aquí también están. Manifestaciones cargadas de soflamas neofascistas. Banderas de España agujereadas para que lo veamos sin verlo. Manifiestos golpistas que intentan decir que vivimos en democracia de prestado. Amenazan con volver. La política que divide. Que nace, crece y vive del enfrentamiento. Dicen que España se rompe, ¿pero qué España? La suya, porque España son ellos. Algo está pasando cuando se tiene que explicar constantemente que el gobierno emanado de una mayoría parlamentaria es legítimo. ¿Cómo si no ha de elegirse un gobierno en democracia? El problema no es que voceen a las puertas de las sedes de un partido político. Es que el centro derecha, aquel que quiso ser como sus homólogos europeos tras la refundación de 1989 como un «proyecto liberal», esté dando cobertura en las instituciones a quienes tienen esa idea de la política. Entre los problemas que tiene el PP en estos momentos, hay uno esencial y otro limitativo. El primero, la dependencia del partido ultra. El segundo, la ausencia de una visión de España más amplia y diversa. Cuando Amos Oz nos habló Contra el fanatismo, entendimos las raíces del conflicto entre Israel y Palestina -hoy faltan las palabras y las razones-. Pero, no sólo eso. También pudimos comprender los fundamentos de la intolerancia. Es difícil que la democracia pueda avanzar desde la trinchera del obstinamiento. Es imposible que se puedan abordar los grandes desafíos actuales desde una mirada anclada en el pasado. Haciendo una analogía con la teoría económica recordaba a Joseph Schumpeter cuando a mediados del siglo pasado habló del concepto de «destrucción creativa», según el cual, el capitalismo sólo sobreviviría desde posiciones innovadoras. La política también es innovar. No es posible crear, avanzar, desde los planteamientos que definen hoy a la derecha en nuestro país. Que doblen las campanas que aún pueden sonar. Levanten muros, siempre habrá una grieta por donde entrará la luz.