Opinión | Ágora

El Derecho y su compromiso social: Día Internacional del Abogado

Desde el momento en que decidí seguir los pasos de mi padre y adentrarme en el mundo del Derecho, sabía que estaba embarcándome en un viaje lleno de desafíos y responsabilidades. Recién egresado, apenas empezando mi experiencia en el mundo laboral, pero motivado y con un profundo entendimiento de las cuestiones que rodean nuestra labor, veo el 3 de febrero como una fecha que no solo honra la profesión legal, sino que también invita a destacar la responsabilidad social que conlleva.

La abogacía, como sucede con cualquier otra profesión, va más allá de la teoría, los libros de leyes y los tribunales. Es una vocación que tiene un impacto profundo en la vida diaria de las personas, especialmente en la defensa de los Derechos Humanos y la justicia social. El actuar bajo esta perspectiva, debe impulsar a ir más allá de las formalidades legales y a abrazar el compromiso con la dignidad humana inherente a nuestro ejercicio; es una lucha diaria en la que cada abogado debe comprometerse por el bien común.

Es por ello por lo que, en el corazón de la ética jurídica, Immanuel Kant proclamó que es necesario «actuar solo según la máxima que se desee que se convierta en ley universal». Este precepto subraya la importancia de la coherencia y la universalidad en la toma de decisiones legales, una guía esencial para los abogados que buscan la integridad en su práctica diaria. La profesión legal abarca diversas ramas de actividad, cada una contribuyendo de manera única al tejido social y es en la intersección de estas disciplinas, donde los abogados nos enfrentamos a la encrucijada de decidir entre el camino fácil y el correcto.

Asimismo, el ejercicio debe ir acompañado de la intención y la búsqueda por combatir las raíces profundas de la injusticia. Como bien decía Cesare Beccaria, «la prevención del delito es más eficaz que su castigo». La ley, en su esencia, es un pilar fundamental para la construcción de sociedades justas y equitativas. Pero la justicia no puede ser vista como un fin en sí misma, sino que debe ser ese medio que asegure la libertad absoluta para cada individuo. El desafío real va más allá de la simple aplicación de normas, es un llamado a abordar esas desigualdades sistémicas y a promover cambios que impacten positivamente en las comunidades que servimos.

En este contexto es donde la labor de organizaciones como Fundación por la Justicia cobra un significado aún más profundo. En la defensa y reivindicación de los Derechos Humanos y la justicia social, estas entidades se convierten en guías de esperanza, canalizando esfuerzos hacia la construcción de un sistema más inclusivo.

Así, en este Día Internacional del Abogado, es importante reflexionar sobre nuestra labor y renovar nuestro compromiso con la justicia, reconociendo que, aunque el camino es arduo, es fundamental para construir un futuro más equitativo para todos. Siempre debemos tener en cuenta que, aunque históricamente la abogacía sea considerada como una profesión noble y respetada, no debemos perder nunca de vista que su esencia radica en la capacidad de ser defensores del bien común, más allá de cualquier estatus o privilegio que pueda brindar. Ejercer el Derecho, independientemente de su área, no solo es un ejercicio profesional, es un llamado a ser agentes de cambio, contribuyendo día a día a una sociedad más justa y respetuosa de los derechos fundamentales, que deben ser la base principal de nuestras sociedades democráticas.