La crisis de Ford atemoriza a Almussafes

El alcalde estima que el cierre de la factoría significaría la pérdida de unos cinco millones de euros de su presupuesto

Vecinos, sindicatos y autoridades lamentan la falta de previsión de la firma y de planes de futuro y sus consecuencias económicas y sociales

Punto de recarga de vehículos eléctricos vacío.

Punto de recarga de vehículos eléctricos vacío. / Perales Iborra

Rubén Sebastián

Rubén Sebastián

Incertidumbre y preocupación son los términos que mejor definen el día a día de los vecinos de Almussafes ante la gran cantidad de despidos en la factoría de Ford y el cierre de varias empresas que le suministraban material. La ausencia de una hoja de ruta clara en la compañía automovilística, la incógnita sobre los efectos en la economía local y comarcal (también del ayuntamiento) o el impacto en miles de familias son algunas de las cuestiones que generan un mayor desasosiego en un municipio que no quiere ver peligrar su condición de referente industrial.

El retraso de la electrificación de Ford Almussafes deja un panorama incierto que ha ido acompañado de miles de despidos. Lo que, a su vez, acrecenta las dudas sobre el futuro de una población que ha crecido al calor de uno de los procesos de industrialización más importantes de la Comunitat Valenciana. El temor por su desaparición o por las consecuencias de la actual crisis atemoriza a una localidad que se ha acostumbrado a los niveles más bajos de desempleo y que ve cómo cada semana que pasa el nivel de paro sigue en aumento.

En el pueblo es uno de los temas de conversación más socorridos. «Los que trabajamos en empresas secundarias estamos muy preocupados y la espera de saber qué piensa hacer Ford», comenta uno vecino y empleado del polígono industrial Juan Carlos I. Asimismo, teme que el contexto actual lleve a la localidad un escenario muy complejo a nivel económico, laboral y social. «Esto es fatal para el pueblo», incide.

Una tercera parte

Un extrabajador de la factoría no oculta su perplejidad ante la merma importante de las plantillas. «Dicen que el coche eléctrico requiere de menos piezas y ahora hace falta trabajo. Es increíble. Hace muchos años llegamos a ser unos 12.000 y ahora ya hay menos de 4.000», lamenta.

El alcalde de Almussafes, Toni González, afirma con amargura que este escenario se podría haber evitado. «Hace años que sabíamos que la electrificación tenía que llegar, pero ha faltado planificación», indica, para añadir a continuación: «Ahora lo que tenemos son miles de despidos entre la factoría y las empresas auxiliares. Como ayuntamiento, junto a los sindicatos, intentamos que sean salidas en las condiciones más dignas, pero habría sido mejor no llegar a nada de esto».

González señala a Europa a la hora de demandar «mayor flexibilidad» de cara a la descarbonización del sector automovilístico. «Todos sabemos que no vamos a llegar. Necesitamos tiempos más flexibles porque no tenemos ni una red de puntos de carga decente, ni el precio de los coches eléctricos es asequible para las familias, ni existen políticas fiscales potentes para ello», lamenta el alcalde. Aunque la máxima autoridad municipal admite que en estos momentos Almussafes es menos dependiente de Ford que en el pasado, ya que las nuevas generaciones ya no viven exclusivamente del sector de la automoción al haber implementado incentivos para la contratación, el cierre de empresas supone un duro golpe a nivel social y económico. «Nuestro ayuntamiento tiene un presupuesto de unos 18 millones de euros, cuando por población le corresponderían no más de 5. El IBI industrial seguiría siendo un ingreso importante, pero perderíamos en el Impuesto sobre Actividades Económicas. Si Ford no abriera sus puertas mañana, perderíamos alrededor de cuatro millones de euros», expone.

Trabajos en la factoría Ford de Almussafes.

Trabajos en la factoría Ford de Almussafes. / Perales Iborra

Desde hace unas semanas, González lidera la asociación de ciudades españolas del sector de la automoción que buscará alianzas estratégicas en Europa para buscar una solución conjunta. «El problema es común, pero se agrava en Almussafes, ya que Ford tiene una mentalidad americana y se ha centrado siempre en vehículos de combustión y potentes. Pero debe adaptarse para seguir en el continente y debemos ir todos de la mano», comenta el alcalde, que prosigue: «Si no hacemos algo pronto, vamos a acabar con la principal industria de la Comunitat».

Del pesimismo al optimismo

Entre los sindicatos existe división de opiniones. El líder de Comisiones Obreras en la Ribera, Andrés Bermejo, ve un futuro muy negro. «Las cosas no se han hecho bien y Ford se niega a desvelar qué va a hacer en el futuro. Hasta donde yo sé, van a cerrar cinco empresas. La compañía que creó el coche va ahora con mucho retraso en todo. Este escenario se veía venir. Las empresas que se salven es porque trabajan para otras compañías y no hay que descartar que Ford venda sus instalaciones a otra firma automovilística», expone. Asimismo, deplora que reciba ayudas públicas mientras se produzcan despidos. «Mi deseo es equivocarme, pero parece que están desmantelando Ford Almussafes», concluye.

Por su parte, el secretario general de UGT en la Ribera, Raül Roselló, se muestra algo más optimista. «No concebimos que el sector se caiga. Es cierto que los últimos anuncios no son la señal que nos gustaría, pero Almussafes es un polo industrial importantísimo y las inversiones que se han realizado, tanto públicas como privadas, no pueden desaparecer», expone el líder sindical, que también añade: «No podemos saber qué pasará en el futuro, pero si miramos al pasado nos encontramos con momentos críticos en los que no resultaba descabellado pensar que Ford desaparecería y ahí ha seguido». Roselló apuesta por captar inversiones complementarias que impidan la destrucción total del empleo y aboga por una transición justa que permita a la localidad superar este bache con garantías de futuro.