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¿Dónde está la Feria de Julio?

La inquietante deslealtad de Simón Casas con València es una flagrante traición a su afición, sin toros desde hace año y medio

Simón Casas y Rafael García Garrido, de Nautalia, en un acto.

Simón Casas y Rafael García Garrido, de Nautalia, en un acto. Levante-EMV

La empresa Nautalia dirigirá la plaza de toros de València los próximos cuatro años. Este acuerdo no se hará efectivo hasta enero de 2022, una vez la Diputación de València -propietaria del histórico inmueble- tenga toda la documentación y compruebe la solvencia económica de la nueva entidad. Hasta entonces, la plaza de toros de València se ha quedado sin toros. Y así lleva desde marzo de 2020, cuando días antes de que explotara el coronavirus abriera sus puertas por última vez para una novillada sin picadores.

El toreo vive una época de indigencia, indecencia y oscuridad en el Cap i Casal. Nunca antes había experimentado esta sensación, desazonadora y arrasada por la ola de una pandemia mundial. La abulia taurina de Simón Casas, actual empresario del coso de la calle Xàtiva, ha puesto de manifiesto su falta de sensibilidad con una tierra tan taurina como València y su historia.

Con la feria taurina de julio, que nació en torno a 1800, se originó la Gran Feria de Julio, un ciclo anual con una exposición de productos de la huerta y ganados situada en el Paseo de la Alameda.

Ahora, esa feria, que ha pasado a ser de atracciones y conciertos, sigue activa, pero los toros no. La plaza tiene un color pálido, como de muerto; sus tendidos, interminables, siguen vacíos. Su aspecto casi de hambriento, esquelético, tiene el abstracto brillo, demasiado trémulo, de la luz artificial de sus focos. Y todo desprende tenue vida, como si el paso del tiempo asfixiara su sitio en la ciudad. Atrás ha quedado ser un propulsor de emoción porque no tiene sus tres hélices principales: el toro, el torero y el público.

El toreo vive una época de indigencia, indecencia y oscuridad en el Cap i Casal

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La inquietante deslealtad del empresario francés con el coso de Monleón, después de dar una feria completa en Alicante pero escudarse en que no es rentable dar toros en València, es una flagrante traición con los aficionados y los más de mil abonados de la plaza valenciana, a los que no les devuelve el dinero de sus pases anuales desde marzo de 2020.

Simón Casas no ha hecho ningún movimiento para salvar la temporada taurina valenciana, todo lo contrario a otras plazas suyas como Nimes, una ruedo de primera categoría donde organizó la Feria de Pentecostés con todas las medidas anticovid. Por no hablar de Albacete, donde se ha convertido en el nuevo empresario este año. Una disparidad de criterios que podía haber remendado con la tradicional Feria de Julio, pero que, por segundo año consecutivo, no ha organizado. La principal razón -económica- en la que se escudaba para no dar toros en València ha sido un castillo de arena que él mismo ha desmoronado.

Por su parte, la Diputación de València ha sido demasiado flexible y el empresario francés ha sabido aprovechar la situación. Al principio de la crisis sanitaria reescribieron el contrato con la obligatoriedad para organizar una feria en un 50 por cien de aforo. Como no se llegó al límite estipulado, Casas decidió no hacer toros.

Y ahora, en lugar de sacudir de encima aquello que aguijonea, Casas se ha introducido, con la delicadeza de un guante blanco, en el equipo de Nautalia para ser empresario de València, de nuevo, los próximos cuatro años. Es decir, una alianza menos degradada pero con la misma cara.

La afición valenciana, que ha tenido que viajar a Córdoba, Alicante, Castelló, Madrid, Aranjuez y hasta la plaza francesa de Ceret para ver toros, merece un respeto. El mismo que desprende un coso casi bicentenario que, de momento, tiene las constantes vitales muy bajas. 

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