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Los toros, el debate continúa

El toreo siempre tuvo su apego intelectual, pero con el tiempo, la sociedad lo ha puesto en entredicho. Los poetas Jaime Siles, Carlos Marzal y Fernando Delgado junto a la bailarina Ana Luján analizan el sitio que ocupa en el siglo XXI

Carlos Marzal, Ana Luján y Jaime Siles, ante la plaza de  toros de València.

Carlos Marzal, Ana Luján y Jaime Siles, ante la plaza de toros de València. Germán Caballero

La cita es en los aledaños de la plaza de toros de València, a los pies de la estatua del banderillero Manolo Montoliu. «A ese señor lo mató un toro en Sevilla», señala el poeta Jaime Siles mientras saluda, con el codo pero sin perder ese aire garboso como si se sintiera torero, a la bailarina Ana Luján, quien llega a la cita puntual con su bicicleta. No es un rictus el gesto de la coreógrafa valenciana, pero se parece bastante. La única manifestación de vida que ofrece está en el infinitesimal y silencioso movimiento de su cabeza, como si le sorprendiera que los toreros fuesen capaces de dar la vida, literalmente, por aquello que aman: el toro.

Sobre la monumentalidad del coso de la calle Xàtiva se tiene la pavorosa sensación de que este inmueble, casi bicentenario, se ha quedado fuera del mundo poscoronavírico, suspendido en la líquida negrura de un lugar sin fecha de reapertura en el calendario ni resquicios de futuro. Su inmarchitable belleza, a imagen y semejanza del Coliseo de Roma, tiene un estado flotante de tristeza, como el parpadeo de las lámparas cuando pierden tensión y tienen que ser reemplazadas.

«Lo que más me gusta de los toros son sus plazas, son un monumento a la arquitectura», aclara Luján, de entrada, frente a Siles, quien la mira como si no la entendiera del todo hasta que desde algún lugar de sí mismo emerge, inesperado, un tema en común: el ballet. Y es en ese momento cuando llega al encuentro el otro poeta, Carlos Marzal, y el espíritu de Francisco Brines se apodera del ambiente mientras la coreógrafa observa, a través de los poros, la liviandad casi hipnótica de la plaza que diseñó el arquitecto Sebastián Monleón en 1859.

Siles y Marzal no dejan de hablar del Premio Cervantes, recientemente fallecido, en el trayecto que va desde el ruedo del cap i casal hasta el Hotel Vincci de la calle Martínez Cubells, el mal llamado hotel de los toreros. Ahí arranca un debate amable y profundo sobre los toros.

"El misterio de los toros, dentro de ese espacio mágico de la plaza, me conmueve. La emoción de una gran faena no me la aporta ni la poesía"

Jaime Siles - Poeta

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Jaime Siles Germán Caballero

Carlos Marzal: El toreo no es un arte del siglo XXI, va más allá. Es un acontecimiento extraplanetario y cada vez más excepcional. Es una ceremonia, un rito, un bendito escándalo.

Ana Luján: Los toros viven de la tradición, de lo que un día fueron. Es evidente que forman parte de nuestra cultura, pero su sitio hoy en día es un mero fichero, una carpeta donde se documenta una época de España. Para mí, es un hecho arqueológico.

Jaime Siles: El misterio de los toros, dentro de ese espacio mágico de la plaza, me conmueve. La emoción de una gran faena no me la aporta ni la poesía.

C. M.: El toreo vive de la tradición, como la literatura, la ópera o la danza.

A. L.: Pero en las otras disciplinas artísticas hay una progresión histórica para encontrar su hueco en el siglo XXI. En el toreo no. Por ejemplo, yo no necesito un toro para bailar, no le hago daño, no lo mato.

J. S.: En el baile tú luchas contra el espacio, el tiempo y la resistencia de tu propia musculatura. Pero en el toreo se lucha contra la muerte. Es la inteligencia artística de la persona frente a la fuerza bruta del animal.

A. L.: Claro, se domina al toro con la puya, las banderillas y la estocada final. Eso creo que no es ético porque se debilita al animal para su muerte. Y siempre veo como el torero se esconde en el burladero junto a sus compañeros y el animal siempre está solo en la plaza.

J. S.: Ese sufrimiento del toro, que no lo podemos ocultar, es la realidad de la vida. Los aficionados nos solidarizamos con el dolor. Lo aplaudimos en su muerte cuando ha sido bueno y recriminamos a los toreros cuando no lo tratan bien en las suertes.

"Los toros viven de la tradición, de lo que un día fueron. Es evidente que forman parte de nuestra cultura, pero su sitio hoy en día es un mero fichero, una carpeta donde se documenta una época de España. Para mí, es un hecho arqueológico"

Ana Luján - Bailarina

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Ana Luján Germán Caballero

A. L.: El maltrato animal es una conciencia que ha surgido en el siglo XXI. Antes no existía. ¿Qué evolución ha tenido el toreo?

J. S.: Podríamos definirlo como arcaico, pero es un rito que se actualiza con la emoción. Una ceremonia que reproduce nuestra condición humana, que nos pone frente al dolor, la muerte y el riesgo. Y los aficionados son como unos atenienses del siglo V a.C. que experimentan la tragedia griega.

A. L.: En la actualidad hay muchas situaciones que te enfrentan a la muerte sin necesidad de lidiar a un toro. No hay necesidad de acudir a la plaza para hacerte ciertas preguntas como, por ejemplo, la crisis de los refugiados o las personas que fallecen de forma repentina.

C. M.: Sí, pero esas situaciones no conforman un espectáculo. Lo que se celebra no es la muerte, sino el triunfo de la vida sobre la muerte. El toreo no es un deporte en el que se va a matar a un toro. Su fundamento es crear arte, emoción luchando contra los instintos de la fiera.

A. L.: Es muy difícil no ver la sangre en el visionado de una corrida de toros porque el toro es un ser vivo pero, ¿por qué no ponen un toro en 3D?

C. M.: Sería perder su esencia. Entenderlo forma parte de la sensibilidad. Es como el espectador de las carreras de caballos que solamente ve al caballo fustigado y obligado a correr con un bocado en la boca.

"Lo que se celebra no es la muerte, sino el triunfo de la vida sobre la muerte. El toreo no es un deporte en el que se va a matar a un toro. Su fundamento es crear arte, emoción luchando contra los instintos de la fiera"

Carlos Marzal - Poeta

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Carlos Marzal Germán Caballero

A. L.: Puedo ver coreografías en los muletazos de los toreros, apreciar la luminosidad de los vestidos de torear cuando cae la noche, incluso la música en medio de una faena, pero rechazo la muerte. ¿Qué aporta el toreo a la sociedad?

J. S.: El toreo es una gran lección de vida frente a una sociedad que pone la muerte en el tanatorio y oculta el dolor en el hospital. 

A. L.: El fútbol también aporta mucha adrenalina a la gente. Puede existir el dolor de una lesión grave, pero no utilizan a un animal.

J. S.: No es lo mismo. Experimentar un ballet o una óperaes emocionante, pero el toreo aporta una plenitud con una profundidad extraña, más especial. 

C. M.: Conozco a gente con pretensiones antitaurinas que ha ido a los toros y se ha dado cuenta de que allí ha ocurrido algo misterioso, inexplicable y que no se parece a ningún otro tipo de emoción. 

J. S.: De hecho, mi hijo mayor y mi mujer son antitaurinos. Pero no por la evidencia de la muerte, sino porque nunca han vivido la emoción que produce la excelencia de una faena en la plaza. Sin embargo, mi hijo pequeño sí que la ha sentido y es aficionado. 

C. M.: No conozco a gente que ame más a los animales que los ganaderos y los toreros. La muerte es una última licencia. Y la existencia del toro de lidia esta sujeta al toreo. Si no existiese esta fiesta, desaparecería. Entiendo todos los argumentos en contra menos el ecologista. Sin los toros desaparecían las dehesas.

Luján entiende los argumentos de Siles y Marzal porque su pensamiento es tan versátil como su danza, potenciada en la compañía de la Rambert Dance Company de Londres. Por su parte, otro poeta, Fernando Delgado, que no pudo estar en el debate, aclara por teléfono que el toreo «es una expresión artística que no admito» porque «la muerte no es motivo de fiesta. El fin de la vida no hay que festejarlo». Asimismo, también expresa que ante los animales tiene una actitud emocionada y no se siente identificado con la seña cultural de la fiesta taurina. «He ido a los toros con Brines, pero he rechazado este mundo siempre».

La tertulia termina con un regusto de autenticidad, las diferencias cristalizadas y la ilusión de volver a los toros. 

Los poetas Jaime Siles y Carlos Marzal, durante el diálogo con la bailarina Ana Luján sobre los toros. Germán Caballero

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