El asesino machista de Fátima tiró su teléfono antes de entregarse a la Policía para eliminar pruebas

Los investigadores del grupo de Homicidios ya han pedido el tráfico de llamadas y el contenido del terminal de Abdellah K. para ver sus movimientos y los mensajes

La mujer tenía miedo a denunciarlo de nuevo por su creciente agresividad y acoso

El asesino machista de Sagunt ya ha ingresado en prisión

El asesino machista de Sagunt ya ha ingresado en prisión / Daniel Tortajada

Abdellah K., de 39 años y en prisión desde este viernes por el asesinato de su exmujer, Fátima Mansouri, de 34, cometido en el piso de ella, en Sagunt el pasado miércoles, se entregó en la comisaría tras el asesinato machista, pero antes de hacerlo tomó precauciones. Entre otras, se deshizo de su teléfono móvil para evitar que la Policía Nacional viese los mensajes que le enviaba a ella o a su familia, entre ellos, aquellos en los que la amenazaba de muerte.

La precaución no le servirá de mucho, ya que los agentes del grupo de Homicidios de la Policía Nacional ya han solicitado al juez de Instrucción número 1 de Sagunt, con competencias en Violencia sobre la Mujer, tanto el tráfico de llamadas del número de teléfono del asesino confeso como el del móvil de la víctima, así como el volcado del contenido de este último. 

Del mismo modo, en cuanto la compañía telefónica aporte los datos, los agentes también dispondrán de información sobre los movimientos del investigado, lo que confirmará el acecho al que sometía desde hace semanas el domicilio de su exmujer y de sus dos hijas, la mayor de las cuales, de 13 años, permanece hospitalizada tras las heridas graves sufridas al caer por la ventana de su casa, en un segundo piso, cuando trataba de su padre en el momento en que este estaba matando a su madre.

Bajo vigilancia constante

Según la información a la que ha tenido acceso Levante-EMV, Abdellah K., que no aceptaba que Fátima hubiese iniciado la formalización del divorcio y que se hubiese convertido en una mujer independiente, vigilaba constantemente a su víctima.

Así lo han confirmado tanto los vecinos del barrio que lo veían con frecuencia merodeando por los alrededores de la finca, ubicada en la avenida de Sants de la Pedra, como la mejor amiga de Fátima, la mujer del hermano de Abdellah –que actualmente tiene la custodia provisional de la niña pequeña, de 4 años–, una de las pocas personas, junto con la educadora social que se ocupaba del caso de su hija de 13 años, que estaba al tanto de la situación de temor constante que vivía con su exmarido.

Fátima temía que una nueva denuncia activase aún más la agresividad de su exmarido, que se había intensificado precisamente desde el momento en que ella había iniciado los trámites definitivos de divorcio, ya que hasta este verano estaban separados pero sin formalizar esa situación.

Aceleración de la espiral de la violencia

De hecho, la educadora ha declarado a la Policía que Abdellah K. tenía una "personalidad inestable", con fases de normalidad combinadas con explosiones de agresividad, lo que unido al acoso da una idea de que se estaba acelerando la espiral de la violencia típica en los casos de ataques machistas.

La mujer le había denunciado una única vez por violencia machista, en diciembre de 2016, después de que le propinara una paliza con puñetazos y patadas. La condena fue leve: 42 días de trabajos en beneficio de la comunidad –no ha trascendido si los llegó a cumplir– y 16 meses de alejamiento y prohibición de comunicarse con Fátima. Esos 16 meses vencieron en abril de 2018.

Sin familia en España

Fátima, sola en España (toda su familia está en Marruecos, de donde fue arrancada con 15 años para que se casara con Abdellah K.), optó por no denunciar más. Pero la situación se volvió insostenible en febrero pasado, cuando su hija mayor contó en el instituto que sufría malos tratos en casa y los servicios sociales denunciaron ante la Policía Nacional. 

La consecuencia fue que la Generalitat decidió tutelar a la menor y enviarla a un centro de protección de menores durante seis meses. Pasado ese tiempo, dado que la niña seguía insistiendo en que con su madre estaba bien, que ella nunca la había maltratado y que quien lo hacía era el padre, la Generalitat devolvió la tutela a Fátima, por lo que la niña pudo regresar con su madre. 

A partir de ese momento, Fátima Mansouri decidió impulsar el proceso de divorcio para, entre otras cosas, poder anular el empadronamiento del maltratador, que figuraba en ese domicilio, y garantizar que él no pudiera acceder a la vivienda con el fin de proteger a la pequeña. 

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