El riesgo de incendio forestal en el Mediterráneo se ha duplicado en 40 años

El abandono de las zonas rurales y la degradación del monte ha multiplicado la disponibilidad de combustible

Evolución positiva en el incendio de Castellón, que frena el avance del fuego

Evolución positiva en el incendio de Castellón, que frena el avance del fuego

Agencias

El riesgo extremo de incendios forestales se ha duplicado en la cuenca mediterránea en los últimos 40 años y eso implica que la probabilidad de que su impacto sea severo sea el doble, según la directora del grupo de Meteorología del Centro de Estudios Ambientales del Mediterráneo (CEAM), Samira Khodayar.

En declaraciones a raíz del incendio aún descontrolado del interior de Castellón, que ha arrasado ya 3.800 hectáreas y que afronta una jornada clave por las condiciones meteorológicas adversas para su extinción, la investigadora asegura que estas nuevas condiciones a las que se enfrenta el medio natural exigen una gestión diferente del suelo forestal.

"En las últimas décadas el esfuerzo humano había logrado reducir el número de incendios, y de hecho hemos tenido un periodo largo de tiempos sin demasiados en la Comunitat Valenciana. Eso es por la labor de prevención, pero al mismo tiempo también ha aumentado el abandono del medio rural y han cambiado los usos del monte, y ahora buena parte de ellos son polvorines. Si no lo hacemos (mejorar la gestión forestal) las consecuencias serán devastadoras", agrega.

Ha aumentado el abandono del medio rural y han cambiado los usos del monte, y ahora buena parte de ellos son polvorines

Según explica esta especialista, el cambio climático genera condiciones más cálidas y húmedas, y "eso aumenta el riesgo, es decir, la probabilidad de que este tipo de megaincendios, conocidos como de sexta generación -el activo de Castellón se ha catalogado de esa forma-, se produzcan en mayor número".

"Los incendios tienen una dinámica compleja, están asociados a muchos factores, y el primero de ellos es la iniciación del propio incendio, bien de forma natural, por un rayo, o por la acción del hombre, intencionada o no", explica.

"Una vez eso se produce, son las condiciones del suelo, viento, humedad o temperatura las que favorecen que las llamas se propaguen o no, y las que condicionan -según la experta- la velocidad a la que lo hacen".

Debido a la crisis climática, añade, "las condiciones son más secas y cálidas, hace más calor y como hay menos precipitaciones todo está más seco". "De hecho, este mes de marzo la temperatura está siendo más de dos grados superior a la media, y además atravesamos un periodo seco", añade.