Lo mejor y lo peor de vivir en... Benicalap
En esta tercera entrega de pequeños reportajes en los que tomamos el pulso a la vida en los barrios de València, saltamos el cauce del río para irnos hasta Benicalap

La plaza de la Iglesia de Benicalap desprende esencia de barrio por los cuatro costados / Levante-EMV

Aunque observando las actuaciones políticas y las noticias parezca lo contrario, hay vida en València más allá de Ciutat Vella, Russafa y el Cabanyal. Existen barrios muy populares con idiosincrasia propia y verdaderos tesoros que conocemos menos de lo que se debería. En esta tercera entrega de 'Lo mejor y lo peor de vivir en...' nos vamos más allá del antiguo cauce del Turia y llegamos hasta Benicalap (sí ese que tiene un parque al ibas de pequeño).
El enorme crecimiento que ha experimentado el barrio en la última década ha provocado un efecto curioso y es que las zonas de nueva construcción, salpicadas principalmente de residenciales con piscina comunitaria, arropan el corazón de un distrito que preserva de manera intensa su esencia agrícola y eso se nota, y mucho, en sus calles.
Lo mejor de vivir en Benicalap
Para conocer un poco mejor cómo es el día a día en Benicalap, hablamos con Trini, una vecina que ha crecido en el barrio y que nos cuenta qué es lo mejor y lo peor de vivir aquí.
- Los vecinos de siempre: salir a la calle a hacer la compra y ver caras conocidas es de lo más habitual. "Aún es un barrio familiar y no es raro que te pares a charlar con algún vecino de los de toda la vida", explica Trini. Lo que facilita que 'ubicar' al personal a través del apodo (o malnom) sea una costumbre que todavía funcione. Dile a alguien de Benicalap que eres de los Barrinto, los Cocollo o de Caldera y ya saben toda tu historia.

Casas antiguas y con solera salpican el barrio. Esta tiene más de 120 años / Levante-EMV
- Del campo a tu cesta sin intermediarios: precisamente por las profundas raíces agrícolas del barrio es posible encontrar, aunque cada vez menos, a mujeres vendiendo fruta y verdura de la huerta o el campo familiar en los portones de casa. Pero no solo eso sino que el comercio tradicional sigue gozando de buena salud: hay tintorerías, mercado municipal, mercerías y tapicerías. "Prácticamente puedes encontrar todo lo que necesitas sin salir del barrio y además de fomentar el pequeño comercio también fortalece la esencia de barrio", reflexiona la vecina de Benicalap.
- Carros, caballos y casas antiguas: aunque para muchos vecinos de València pueda parecer marciano, uno puede encontrar vestigios de la vida de antaño por las calles de este barrio. "Es posible que en una calle estrecha repleta de casas antiguas, como de pueblo, tengas que ralentizar la marcha del coche porque llevas un carro tirado por caballos justo delante". ¿Pero hacia dónde va el carro? "seguramente a la huerta de la que solo nos separa la Ronda Norte", aclara Trini.
Lo peor de vivir en Benicalap
- Patrimonio histórico abandonado: si hay algo que entristece a un barrio es el estado de abandono de sus construcciones. Y de eso en Benicalap lamentablemente saben algo. Solo en la avenida de Burjassot hay dos edificios de interés, veánse la antigua fábrica de La Ceramo y el Casino del Americano, que siguen en estado ruinoso pese a años de ruegos y promesas inclumpidas. Ambas piezas son de gran relevancia de patrimonio industrial de València pero no han corrido la misma suerte que otra construcción también localizada en la misma avenida pero no en el mismo barrio, Bombas Gens. Capítulo aparte merece el Nou Mestalla, esa mole de hormigón protagonista del cuento de nunca acabar.

El Casino del Americano sigue en estado ruinoso / Fernando Bustamante
- La inseguridad (o al menos la sensación): a nadie se le escapa la fama que arrastra el barrio, sobre todo fuera de sus límites. Sin embargo hay que reconocer que los propios vecinos también perciben la zona como insegura, o al menos así lo confesaban en el último Infobarómetro municipal. "Nosotros no hemos tenido ningún problema pero bien es cierto que los problemas de delincuencia o droga se localizan en determinadas zonas dentro del barrio", aclara Trini.
- Suciedad en las calles: es una de las clásicas reivindicaciones de muchos barrios de la periferia de València. La suciedad de las calles y más en un barrio con un elevado número de población siempre es un quebradero de cabeza, pero "es que los contenedores están siempre a tope" y ahora que llega el calor atraen a unos invitados indeseados: las cucarachas.
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