Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Ramón Llosá: 50 años de empresa familiar con el valor humano en el centro

De una pequeña tienda familiar en Blasco Ibáñez a convertirse en todo un referente valenciano en electrodomésticos, cocinas y climatización: cinco décadas creciendo sin renunciar al valor de las personas

El equipo Ramón Llosá que continúa el legado de la empresa familiar.

El equipo Ramón Llosá que continúa el legado de la empresa familiar. / Miguel Angel Montesinos

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Stella López

Stella López

València

En 1976, en plena efervescencia del sector del electrodoméstico en España, Ramón Llosá Llosá y su esposa Vicenta decidieron dar un paso tan valiente como decisivo: dejar atrás la seguridad de un puesto directivo y apostar por su propio proyecto. Desde un origen humilde en Benaguasil, y tras una etapa como director comercial de la histórica marca Kelvinator y como responsable de una de las tiendas de electrodomésticos más innovadoras de su tiempo, Vaesa, Ramón lo arriesga todo para comprar un local en la avenida Blasco Ibáñez de València y fundar Fryele, el germen de la actual Ramón Llosá. Aquel local, que sigue siendo hoy la sede de la empresa, se convirtió pronto en un referente de proximidad, servicio y confianza para miles de familias.

Su hijo Ramón recuerda que la inquietud empresarial de su padre venía marcada por una enorme intuición comercial: «No tenía excesivos estudios, pero sí una gran visión comercial». La experiencia acumulada en Kelvinator -la emblemática marca americana de frigoríficos «que duraban 30 o 40 años»- y el contacto con centrales de compra hicieron que entendiera pronto la importancia de unir fuerzas. «Probablemente lo que vio en una enseña fue la unión de fuerzas: marketing, compras, publicidad, conocimiento e imagen», explica. Aquella visión de colaboración y modernización comercial acabaría siendo decisiva para el crecimiento de la empresa.

Tienda Ramón Llosá situada en la avenida Blasco Ibáñez.

Tienda Ramón Llosá situada en la avenida Blasco Ibáñez. / Miguel Angel Montesinos

Cambio de nombre

La pertenencia a una central de compras no solo aportaba capacidad negociadora, sino también herramientas de marketing, imagen de marca y profesionalización. «La unión de fuerzas» fue, según la familia, una de las claves para que un comercio independiente pudiera competir y crecer en un mercado cada vez más exigente y concentrado.

Con la llegada de la marca Milar a finales de los años 80, el negocio experimenta un impulso decisivo: se consolida en el mercado y la empresa adopta el nombre de su fundador, pasando de Fryele a Ramón Llosá, reforzando así la vinculación entre comercio de proximidad y apellido familiar. El cambio de denominación también coincide con una nueva etapa societaria y familiar. «Mi padre quería crear una sociedad en la que estuviéramos todos», recuerda Ramón. Es entonces cuando los tres hijos -Tato, Cristina y Ramón- se incorporan plenamente al negocio familiar y comienza la transición hacia la segunda generación.

Actualmente, la empresa sigue manteniendo un marcado carácter familiar. «Trabajamos los tres hermanos juntos, además de otros familiares; y el que menos lleva con nosotros a cumplido ya tres años», explica Ramón, reflejando la estabilidad y continuidad de un proyecto construido sobre vínculos personales y compromiso compartido.

La historia de Ramón Llosá es también la historia de una resistencia serena ante las dificultades. A lo largo de cinco décadas, la empresa ha afrontado varias crisis económicas, auténticos «tsunamis comerciales» derivados de cambios de modelo de consumo y la irrupción de grandes superficies y plataformas online, e incluso un incendio en el propio local hace ahora unos veinte años. La respuesta siempre ha sido la misma: trabajo, adaptación y un servicio volcado en el cliente. Donde otros veían obstáculos, la familia Llosá ha visto oportunidades para reforzar procesos, innovar y volver a empezar sin renunciar a su esencia.

Donde otros veían obstáculos, la familia Llosá ha visto oportunidades para reforzar procesos, innovar y volver a empezar sin renunciar a su esencia.

Donde otros veían obstáculos, la familia Llosá ha visto oportunidades para reforzar procesos, innovar y volver a empezar sin renunciar a su esencia. / Miguel Angel Montesinos

Electrodomésticos de encastre para cocina

Los primeros años no fueron fáciles. Más allá de la competencia o la demanda, la financiación suponía uno de los mayores retos, especialmente en una época donde las operaciones comerciales se basaban en la confianza personal. «Se firmaban letras, comprabas el timbre y la firma tenía un valor que probablemente hoy no existe», recuerda Ramón. En muchos casos, añade, «había gente que ni siquiera tenía otra alternativa más que la palabra». Esa cultura del compromiso y la cercanía marcó profundamente la manera de entender el negocio.

Si la primera generación puso el esfuerzo y el servicio «en vena» -con un fundador incapaz de dejar sonar el teléfono más de dos veces y sin mirar el reloj cuando se trataba de atender a un cliente-, la segunda generación ha sumado ingeniería, tecnología y gestión avanzada, sin perder ni un ápice de cercanía. El «no se puede» no forma parte del vocabulario de la casa: si el cliente lo necesita, se busca la solución. No es casual que internamente se recuerde más de una vez la frase: «Es más fácil decir lo que no podemos hacer o vender».

Hoy, Ramón Llosá es un especialista reconocido en electrodomésticos de encastre para cocina, un posicionamiento que se apoya en más de 25 años de experiencia en el montaje de muebles de cocina. «Antes estaba subcontratado, pero desde hace más de 35 años somos nosotros quienes hacemos el diseño, la instalación y absolutamente todo», explica Ramón. La cocina pasó así de ser un complemento a convertirse en una de las áreas estratégicas de la compañía.

Interior de la tienda Ramón Llosá.

Interior de la tienda Ramón Llosá. / Miguel Angel Montesinos

Empresa de Servicio

En el ámbito del aire acondicionado y la climatización, la compañía ha desarrollado una de sus ramas más especializadas. Cuenta con departamento de ingeniería propio, instaladores habilitados RITE, equipos formados en prevención de legionela y personal de mantenimiento capaz de abordar desde instalaciones domésticas básicas hasta grandes proyectos para constructoras, espacios corporativos o servicios públicos.

La apuesta por esta especialización tiene también un componente generacional. «Mi padre fue pionero en el tema del frío, y yo, como ingeniero técnico industrial, era donde más podía aportar», explica Ramón. Esa evolución ha llevado a la empresa a trabajar no solo en viviendas, sino también en instalaciones industriales, conductos, aerotermia y sistemas de agua caliente sanitaria. «Prácticamente todo lo que envuelve al clima y al confort lo trabajamos».

Como empresa familiar, Ramón Llosá se define, ante todo, como una Empresa de Servicio, un «conector» que coordina el trabajo de múltiples empresas y autónomos especializados junto a su propio equipo interno. La plantilla, que llegó a alcanzar las 24 personas y se sitúa hoy en torno a las 10, ha sabido acompasar su tamaño a los ciclos del mercado sin perder cohesión ni calidad. En 2026, la empresa ha conseguido recuperar niveles de facturación comparables a los del año 2007, lo que demuestra su capacidad de adaptación y su solidez en un entorno cada vez más competitivo.

Frente a la impersonalidad de internet, Ramón Llosá reivindica una atención omnicanal pero humana: teléfono, email, WhatsApp y tienda física al servicio del cliente.Frente a la impersonalidad de internet, Ramón Llosá reivindica una atención omnicanal pero humana.

Frente a la impersonalidad de internet, Ramón Llosá reivindica una atención omnicanal pero humana: teléfono, email, WhatsApp y tienda física al servicio del cliente.Frente a la impersonalidad de internet, Ramón Llosá reivindica una atención omnicanal pero humana. / Miguel Angel Montesinos

Y precisamente esa cercanía sigue siendo, medio siglo después, la gran ventaja competitiva del comercio físico frente al entorno online. «Somos un poco psicólogos del barrio», resume Ramón. Aunque el cliente actual llega mucho más informado y es más exigente que hace décadas, la empresa considera que el valor diferencial está en el acompañamiento. «El producto puede ser el mismo y el precio también, pero el servicio, la recomendación y la ayuda personal marcan la diferencia». Frente a la impersonalidad de internet, Ramón Llosá reivindica una atención omnicanal pero humana: teléfono, email, WhatsApp y tienda física al servicio del cliente.

Trabajo constante

En el plano de la identidad, el histórico eslogan de la empresa, «El valor de las personas», resume a la perfección la filosofía de sus fundadores y de la familia. En los últimos años se le ha añadido un mensaje que sintetiza su propuesta de valor en el nuevo contexto digital: «Precio online con consejo de tienda de barrio». Como resume Ramón, «el mismo precio que online, pero el mejor servicio». Una frase que conecta con una manera muy concreta de entender el comercio: competitividad sin perder humanidad.

El histórico eslogan de la empresa, «El valor de las personas», resume a la perfección la filosofía de sus fundadores.

El histórico eslogan de la empresa, «El valor de las personas», resume a la perfección la filosofía de sus fundadores. / Miguel Angel Montesinos

De la mano de Ramón Llosá Mullor, que lleva dos décadas al frente de la gerencia junto a sus hermanas Tato y Cristina, y junto a Federico y Toni, la segunda generación ha sabido profesionalizar la empresa, incorporar nuevas áreas técnicas y tecnológicas y mantener vivos los valores recibidos de Ramón y Vicenta: esfuerzo, servicio, honestidad y compromiso con las personas. La tercera generación, todavía en formación, crece viendo un modelo en el que la familia y la empresa se entienden como un mismo proyecto de vida compartido.

Para Ramón Llosá, llegar a este punto tras 50 años de trayectoria, habiendo preservado la esencia de empresa familiar y el legado de sus fundadores, ya es una victoria. Ramón y Vicenta, que un día soñaron con levantar su propio negocio en un pequeño local de Blasco Ibáñez, verían hoy una realidad que va mucho más allá de una tienda: una empresa arraigada en su territorio, conectada al futuro de su sector y fiel a una idea sencilla pero poderosa, que ha guiado cada decisión durante medio siglo: el verdadero valor de una empresa está, siempre, en las personas.

Mapa de Milar Ramón Llosá
Tracking Pixel Contents